Reequilibrar es devolver los pesos de una cartera a sus objetivos después de que los mercados los hayan desplazado. Es mecánicamente sencillo y psicológicamente difícil, porque exige hacer lo contrario de lo que parece correcto.
Por qué se desvían los pesos
Si la renta variable sube y los bonos no, la proporción de renta variable en la cartera aumenta. Si no se interviene, una cartera pensada para tener un 60% en renta variable pasa a tener un 70% y luego un 75%. No se decidió nada; el perfil de riesgo cambió de todos modos.
Este es el argumento central a favor del reequilibrio: restablece el riesgo que se había elegido. No es una técnica para mejorar la rentabilidad, y presentarlo como tal es un error frecuente.
Dos enfoques
Por calendario. Reequilibrar a intervalos fijos: trimestral, semestral o anualmente. Sencillo, predecible, fácil de explicar, y opera con independencia de que la desviación haya sido material.
Por umbral. Reequilibrar cuando un peso se aparta de su objetivo más allá de una banda, por ejemplo 5 puntos porcentuales. Responde a la desviación real y no al calendario, y opera menos cuando los mercados están tranquilos.
Un enfoque híbrido es habitual y sensato: revisar según un calendario y actuar solo si se ha superado un umbral. Aporta una revisión periódica sin negociar por el mero hecho de hacerlo.
Los costes, con honestidad
- Costes de transacción: diferenciales, comisiones, impacto de mercado. Materiales en posiciones poco líquidas.
- Consecuencias fiscales: en una cuenta sujeta a tributación, vender una posición revalorizada para comprar otra rezagada materializa una ganancia. Puede superar a todos los demás costes juntos, y es la razón por la que muchas carteras sujetas a tributación se reequilibran mediante nuevas aportaciones en lugar de ventas.
- Coste de oportunidad: el reequilibrio reduce lo que ha estado subiendo, que puede seguir subiendo. Es una decisión deliberada de no perseguir el mercado, y en ocasiones parecerá equivocada.
Formas de reducir el coste
- Reequilibrar con flujos de caja. Dirigir las nuevas aportaciones y las rentas hacia las posiciones con peso inferior al objetivo. Así se modifican los pesos sin vender nada.
- Usar bandas, no ajustes continuos. Una banda del 5% opera mucho menos que un objetivo exacto.
- Priorizar las cuentas con ventajas fiscales. Si algunas cuentas están protegidas fiscalmente, reequilibrar en ellas evita por completo el coste fiscal.
- No operar con importes pequeños. Por debajo de cierto tamaño, los costes fijos superan la corrección.
La disciplina más difícil
La parte mecánicamente difícil no es el cálculo. Es la dirección. Reequilibrar implica siempre añadir a lo que ha funcionado mal y reducir lo que ha funcionado bien, lo que en medio de una subida parece un error y en un drawdown parece echar dinero bueno tras el malo.
Dos cosas lo hacen factible:
- La regla se fijó de antemano, cuando la sensación estaba ausente. Una banda declarada no es un juicio sobre el mercado; es una instrucción a uno mismo.
- El propósito es restablecer el riesgo, no hacer una apuesta. La posición no es «el rezagado se recuperará», sino «la cartera debía asumir este nivel de riesgo y no lo hace».
Cuándo no reequilibrar
A veces una desviación es una decisión, y lo honesto es tomarla deliberadamente:
- El objetivo cambió. Se acortó un horizonte, se atendió una obligación, se modificó una circunstancia. Volver a un objetivo que ya no encaja no es disciplina, es inercia.
- Cambió la función de la clase de activos. Si la razón para mantener una posición ya no se aplica, la acción correcta es revisar el objetivo, no forzar un retorno a él.
- El coste es prohibitivo. Una desviación pequeña en una posición poco líquida suele tolerarse mejor que corregirse.
Conviene mantener clara la distinción entre reequilibrar y cambiar la política. Lo primero restablece una decisión existente. Lo segundo es una decisión nueva, y merece la misma evidencia que la original.
